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Después del terremoto, gestionar el agua es una decisión vital

Cuatro claves para proteger la salud, sostener la emergencia y acompañar la recuperación de las comunidades.

El terremoto del 10 de agosto nos recordó, de la forma más difícil, que hay recursos cuya importancia se hace todavía más evidente cuando la normalidad se rompe: uno de ellos es el agua.

A ocho días del sismo, mientras las comunidades afectadas avanzan de la atención inmediata hacia un proceso de recuperación que tomará mucho más tiempo, garantizar agua segura no es solamente una necesidad básica: es una decisión estratégica para proteger la salud, sostener la atención de la emergencia y recuperar la vida de los territorios.

En un terremoto, los daños no siempre son visibles. Las redes de abastecimiento y alcantarillado pueden sufrir afectaciones, las fuentes pueden contaminarse y los sistemas de tratamiento pueden dejar de operar en las mismas condiciones que antes. Por eso, la Organización Mundial de la Salud recomienda considerar el agua potencialmente expuesta a contaminación después de un desastre que haya causado daños estructurales hasta que pueda verificarse su seguridad.

En este contexto, gestionar el agua con criterio implica tomar, al menos, cuatro decisiones.

1. Saber qué agua está entrando y si realmente es segura: tener agua disponible no necesariamente significa tener agua apta para el uso que se necesita.

Después de una emergencia es fundamental revisar las fuentes de abastecimiento y conocer sus condiciones antes de utilizarlas, especialmente cuando el agua se destinará al consumo humano, la preparación de alimentos, centros de salud, albergues, colegios o espacios comunitarios.

Analizar la calidad permite dejar de asumir y empezar a decidir con evidencia: determinar si el agua puede utilizarse, si necesita tratamiento adicional o si debe buscarse temporalmente una fuente alternativa.

La calidad del agua se convierte así en una primera barrera de protección para las comunidades.

2. Conocer cuánta agua hay, cuánto se necesita y dónde se está perdiendo: en condiciones normales, medir el consumo ayuda a gestionar eficientemente un recurso. En una emergencia, además, permite priorizarlo.

Una red afectada puede presentar fugas o pérdidas que no sean evidentes a simple vista. Al mismo tiempo, aumenta la necesidad de agua en lugares críticos: hospitales y puestos de salud, albergues, cocinas comunitarias, instalaciones sanitarias y puntos de atención.

La gestión deja entonces de ser únicamente una pregunta de consumo, ¿cuánta agua estamos utilizando?, para incorporar otras mucho más importantes:

¿Dónde está disponible? ¿Dónde hace más falta? ¿Dónde se está perdiendo? ¿Y qué usos deben atenderse primero?

La OMS señala que disponer de agua suficiente y segura es un componente esencial de la respuesta humanitaria y de las condiciones de higiene necesarias durante una emergencia.

3. Verificar que el tratamiento responda a la nueva realidad: un sistema que funcionaba correctamente antes de un terremoto no necesariamente responde a las mismas condiciones después del evento telúrico.

Puede cambiar la calidad del agua de entrada, presentarse daños en la infraestructura, aparecer contaminación en algún punto de la red o modificarse considerablemente la demanda.

Por eso, no basta con que exista un sistema de tratamiento: es necesario verificar que continúe siendo adecuado para las condiciones reales del agua y del territorio.

El análisis permite identificar qué está ocurriendo y orientar ajustes en los procesos de tratamiento, desinfección y control. La gestión del riesgo del agua, de acuerdo con la OMS, debe contemplarse desde la fuente hasta el consumidor y apoyarse en monitoreo y verificación.

4. No olvidar el agua después de usarla: en medio de una emergencia es lógico concentrar buena parte de los esfuerzos en conseguir agua para abastecimiento. Pero hay otra parte del ciclo que también necesita atención: qué ocurre con ella después de usarla.

Albergues, centros de atención, cocinas, hospitales, viviendas y establecimientos que comienzan a retomar actividades generan aguas residuales. Si los sistemas de alcantarillado o tratamiento también han sufrido daños, una gestión inadecuada puede trasladar el problema hacia fuentes de agua, suelos y comunidades.

La recuperación debe contemplar, por tanto, tanto el abastecimiento como el saneamiento. El acceso seguro al agua, el saneamiento y la higiene están directamente relacionados con la salud y con la capacidad de construir comunidades resilientes.

Del manejo de la emergencia a la reconstrucción

Durante los primeros días de una tragedia, la prioridad es salvar vidas y atender las necesidades más urgentes. Después comienza una etapa diferente y mucho más larga: recuperar las condiciones que permiten que una comunidad vuelva a funcionar.

  • Reconstruir un puesto de salud implica garantizar el acceso a agua segura.
  • Reabrir una institución educativa también.
  • Volver a operar un restaurante, una empresa, un hotel o una pequeña fábrica necesita este recurso indispensable.

Para funciones básicas, el país requiere saber de dónde proviene el agua, en qué condiciones llega, cómo se utiliza y cómo se devuelve al ambiente.

Por eso, en la Semana Mundial del Agua vale la pena recordar que la gestión sostenible del recurso no se limita al cuidado ambiental.

Conecta salud, continuidad, eficiencia, cumplimiento y responsabilidad ambiental. Y, en momentos como el que hoy vive Colombia, también se convierte en una herramienta para reconstruir comunidades.

Porque gestionar el agua estratégicamente significa algo muy concreto: tener información para tomar mejores decisiones cuando más se necesitan.

Equipo de HidroQuímica 💙
Tu aliado en gestión sostenible del agua.